jueves 24 de diciembre de 2009
viernes 18 de diciembre de 2009
Un atropello disfrazado de defensa
Esta mañana se ha producido una noticia luctuosa no sólo para el mundo del toro, sino también para la sociedad que defiende la libertad del ser humano por encima de todo. Una minoría ruidosa que ha conseguido muchos apoyos políticos a cambio (siempre presuntamente) de favores de la misma clase, ha conseguido que se admita a trámite una ley que cercena sin miramientos la libertad del individuo, que le dice qué es lo que debe y qué es lo que no debe hacer con sus aficiones, que le señala qué es lo que debe y qué es lo que no debe pensar, que le prohíbe tener un punto de vista distinto de los que han propuesto la iniciativa. A los miles de aficionados que se acercan pacífica y serenamente a la Monumental y que ya mantenían su afición casi en la clandestinidad les han dicho que a partir de ahora, si quieren disfrutar de ella, deben irse a Francia como poco. Igual que hace unas décadas los españoles debían ir a ver determinadas películas a Perpiñán. Y todo ello en nombre de los derechos de los animales, lo que me hace plantearme una serie de preguntas.
En primer lugar, no entiendo en qué estado de derecho se erige un supuesto derecho de los animales por encima de otro de los seres humanos. Y no uno cualquiera, el derecho a la Libertad, uno de los pilares básicos de nuestra Constitución que, mientras nadie diga lo contrario, también es la suya. Los que vivimos y amamos esta fiesta también vivimos y amamos al toro bravo, un animal único que sobrevive gracias a este espectáculo y a los millones de personas que viven en torno a él.
Por otra parte, y siguiendo los mismos criterios, habría que prohibir que la gente se vaya a merendar al campo, ya que allí hay hormigueros que se destrozan impunemente sin que nadie levante la voz. Además, se ahuyenta a los pájaros, que disfrutaban tranquilamente de sus "derechos" hasta que llegaron los malditos campistas. Es más, habría que exigirles responsabilidad civil a las moscas, que se acercan a la barbacoa de una forma muy molesta y no respetan nuestros derechos. Deberíamos demandarlas inmediatamente, puesto que si son sujetos de derechos, también deben serlo de obligaciones, digo yo.
Y, puestos a prohibir, prohibamos también el circo, ese espectáculo depravado y cruel en el que los niños disfrutan y son felices a base de transgredir los "derechos" de los animales. ¡Qué desfachatez, por Dios! ¡Que la gente sea feliz viendo cómo un señor asusta a los animales con un látigo! Si es que la gente tiene unas cosas...
Pero, llevando al extremo esperpéntico el hecho de coartar las libertades por el gusto de una minoría, se me ocurre que debemos prohibir los castellets, esas torres humanas que se realizan en Cataluña para las grandes celebraciones, donde siempre es un niño el que culmina el acto por encima de siete filas de señores que se sostienen unos a otros. Si seguimos los mismos criterios, ¿a nadie se le ocurre que estos señores son unos bárbaros por dejar a un crío correr ese peligro?
¡Pues claro que a nadie se le ocurre, porque es un espectáculo impresionante que a todos nos gusta ver! ¡Como lo es un natural de muñeca rota y alma desgarrada! Pero estos señores entienden que el natural es españolista, y eso no sintoniza muy bien con sus ideas. Es aquí donde está la clave del problema, y no en otra parte. Pensar en la sarta de bobadas que he soltado hace un momento es una estupidez, pero no es mucho menos ridículo admitir a trámite en un parlamento regional, el lugar donde se elaboran las leyes que todos debemos cumplir, una ley para seccionar la Libertad de un ciudadano de ir a los toros, si lo estima oportuno, y de quedarse en casa si ese espectáculo no es de su agrado. Y por eso lo que ha sucedido esta mañana en el Parlament es mucho más grave de lo que nos imaginamos...
Publicado por Eduardo Gallo en 20:32 1 comentarios
jueves 22 de octubre de 2009
Mi premio... La ilusión
Concluyó la temporada. Llega el momento de sentarse a solas con uno mismo y realizar ese balance mental tan necesario y repasar las cosas positivas y negativas que han ocurrido a lo largo de la temporada más dura y, a la vez, más enriquecedora de mi carrera. Esa en la que gané y perdí cosas muy importantes en todos los sentidos. Esa en la que el toro me recordó lo vacío que me siento cuando no lo tengo cerca. Esa en la que comprendí el verdadero sentido de disfrutar en la cara del animal, de sentirme torero cada vez que hago el paseíllo. Esa en la que descubrí que para soñar conviene no dormirse...
Por eso quiero hacer balance con vosotros, que habéis permanecido fieles a este cuaderno de bitácora tan particular, y dejar un par de pinceladas de las veces que me he vestido de luces esta campaña, porque he sentido cosas muy especiales tanto al pisar los alberos como al encontrarme de nuevo con vosotros a través de vuestros comentarios. Gracias una vez más por estar ahí.
Todo comenzó en Ciudad Rodrigo, allá por el mes de febrero, con un festival con el que ya es casi tradicional que comience mi temporada. Había pasado un invierno duro y necesitaba recordar la plenitud de pegar un natural bueno. Afortunadamente, no sólo pegué alguno bueno, sino que me sentí muy a gusto con el toro de Sayalero.
Desde entonces y hasta final de temporada, he visto cómo mi esfuerzo y mi trabajo diarios iban teniendo recompensa. En Valdemoro volví a tener sensaciones de torero, de necesidad por estar en la cara del toro, y se fueron acrecentando con los triunfos y con la actuación de Madrid, creo que la más sólida de todas cuantas he protagonizado en esa plaza.
Pasé también por el duro trance de perder a Juan Luis, un amigo y un compañero pero, sobre todo, un tío que siempre creyó en mí y al que no voy a defraudar.
Abrimos el mercado peruano con el triunfo grande en Chota y ese Escapulario de Oro que me traje a España. Y los triunfos en Salvaleón, Navalcán, Almoharín, Gálvez, Soto del Real...
En Cuéllar la espada me hizo perder una puerta grande y le perdí un poco el sitio a los aceros, lo que me perjudicó en Salamanca. La primera tarde pudo ser de cuatro orejas y los pinchazos dejaron el premio en dos, pero la tarde de Montalvo fue especial. Y siempre recordaré esa faena a Notable, en la que me pude abandonar y dejar que fluyese el toreo con naturalidad, más por necesidad de expresión que por necesidad de triunfo.
También fue bonito el colofón, con varias figuras retiradas en el cartel y otro animal de Montalvo para cuajar una gran faena, para sentir cosas distintas, para mostrar que el camino elegido es el correcto.
Y ahora, a esperar con ansia que llegue la próxima temporada, compartiendo de nuevo mis impresiones con vosotros después de descubrir que el verdadero triunfo, el que lleva consigo todos los demás, es el de la ilusión, el arma que me llevará, como hasta ahora, a la meta marada. Allí os espero. Como siempre...
Publicado por Eduardo Gallo en 23:15 2 comentarios
Etiquetas: Alba de Tormes, Cazalla de la Sierra, Cuéllar, Juan Luis Rivas, Salamanva, Salvaleón, Valdemoro
domingo 20 de septiembre de 2009
¡Cómo lo disfruté!
Publicado por Eduardo Gallo en 18:27 4 comentarios
Etiquetas: La Gaceta, La Glorieta, Montalvo, Puerta del Toro, sptiembre
miércoles 2 de septiembre de 2009
Satisfecho... pero quiero más
Os prometí que os iba a dedicar más atención y que os escribiría esta semana y aquí estoy, cumpliendo lo prometido. Además, me gusta contar las cosas buenas que han pasado. Sobre todo, que he toreado dos festejos el fin de semana y, aunque ha habido también algún elemento de mala suerte, lo cierto es que me he divertido mucho toreando y me he vuelto a sentir y a confirmar que el camino que he elegido es el que más me llena.
El sábado estuvimos en Gálvez, en un pueblecito de Toledo muy acogedor y donde nos mostraron mucho cariño. Me salió un novillo muy bueno de José Manuel Escolar y lo cuajé de principio a fin. Estuve muy a gusto delante de la cara y hasta pude intentar cosas a las que le llevo tiempo dando vueltas de salón. El trabajo en el entrenamiento es muy importante, pero lo es más intentarlo delante del toro.
Y al toro lo vi en Cuéllar el domingo. El primero se había tirado un cuarto de hora pegando derrotes contra las vallas del encierro y eso se notó luego en la plaza. Mira que me puse de todas las maneras posibles, pero no hubo manera. ¡Qué sensación de frustración se te queda cuando es imposible pegarle pases a un toro!
Con el que me encontré sensacional fue con el segundo, un toro de La Gloria que tenía mucha bondad pero que andaba justito de fuerza. Tanto que Juan Luis sólo le dio un picotazo para conservarle la condición.
Con la muleta en la mano disfruté una barbaridad. Es la forma de demostrarme a mí mismo que puedo superar todas las adversidades, y que hay que sacarle faena a todos los toros posibles. Logré mantenerlo en pie y afianzarlo para ligarle luego series de mucha largura, como a mí me gustan. La pena es que lo pinché varias veces cuando le tenía cortadas las orejas, pero dejé una gran impresión y me despidieron con una ovación.
Por todo eso, me siento satisfecho del toreo que he ido mostrando, pero quiero mucho más. Salamanca está ahí, tan a la vuelta de la esquina que ya puedo olerlo, y ahí sí que no va a fallar nada. Se lo debo a mucha gente que, como vosotros, confía en mí, pero me lo debo, sobre todo, a mí mismo. Y esa es mi plaza...
Publicado por Eduardo Gallo en 21:20 10 comentarios
Etiquetas: Cuéllar, Eduardo Gallo, Gálvez, José Manuel Escolar, La Gloria
jueves 27 de agosto de 2009
¡Cuántas cosas han pasado...!
Sí, ya sé que he descuidado demasiado este rincón en el que me comunico con vosotros. Algunos incluso me lo habéis recordado cuando me he encontrado con vosotros. Y a algunos, y eso es lo más bonito de todo, ni siquiera os conocía en persona y ahora ya os pongo cara.
Y es que es cierto que han pasado muchas cosas desde la última vez que escribí en este blog. Pocos días después toreé en Madrid, y aunque las cosas no salieron mal y me fui con un regusto muy dulce de buen toreo con la mano izquierda, tampoco le corté las orejas a los toros, y eso también es importante. Lo pero de todo fue que al día siguiente se fue un amigo. Sólo Dios y él sabrán por qué, pero se fue, y eso me produjo una sensación de pérdida enorme. Hoy ya sé que Juan Luis, allá donde esté, está velando por mí como sólo él sabe hacerlo. Ahora es su hijo quien me acompaña en la cuadrilla, y es como si una parte de él siguiera con todos nosotros.
Mi forma de recordarle fue brindarle, en Chota, en Perú, el toro del triunfo. Y creo que él me echó una mano para que disfrutase tanto haciendo el toreo, el de toda la vida, el que me nace del alma y me llena de verdad, el que me permite expresar lo que siento. Por eso el Escapulario de Oro que me traje de Perú tiene escrito su nombre.
Luego ha habido tardes en las que he vuelto a sentir el toreo, como la de Salvaleón, el pueblo de mi madre, donde pude disfrutar de mi profesión rodeado de mi familia y de amigos que hacía tiempo que no veía y a los que me encantó volver a saludar. Y también fue importante la tarde de Navalcán, a pesar de que mi lote no ayudó como a mí me hubiera gustado. En fin, no todos los días los toros te permiten hacer el toreo que sientes.
Ahora hay que pensar en lo que nos queda por delante. El sábado toreo un festival en Gálvez, en Toledo, y al día siguiente estoy anunciado en la Feria de Cuéllar, en Segovia. Será un fin de semana para vivir intensamente mi profesión y para que pasen cosas importantes, que Salamanca, mi tierra y mi plaza, está ahí, a la vuelta de la esquina. Será el 13 de septiembre, con la corrida de José Luis Marca y con Chaves y Valverde en el cartel. Y os aseguro que va a ser una tarde importante.
Pero hasta entonces todavía queda mucho. Hay que ir paso a paso, y los primeros se dan este fin de semana. Prometo no abandonaros tanto y volver a escribir el lunes o el martes. Que tiene razón mi amigo Isidoro: vosotros sois los que siempre estáis ahí y os preocupáis por mí.
Un abrazo a todos.
miércoles 17 de junio de 2009
Sólo conmigo, en el campo...

Escribo mientras invade la casa el siniquete de los cencerros en el cuello de los bueyes, que llegan a descansar en el cercado de detrás de la casa después de la jornada en el campo. Escribo desde la soledad, cuando la tarde ya ha empezado a convertirse en noche y llega el momento de madurar lo aprendido durante todo el día. Y este momento de reflexión me ha empujado a contaros las ganas que tengo de que llegue el domingo y mirar la plaza de Las Ventas desde ese túnel del patio de cuadrillas, donde el futuro no existe más allá de las próximas dos horas y los miedos se multiplican por mil. Allí, cuando suenan los clarines y rompe el paseíllo, no existen los milagros...
Por eso hay que estar muy preparado, física y mentalmente, porque esa plaza te puede cambiar la vida. Yo tuve la fortuna de vivirlo de novillero. No tenía nada hecho después de la novillada de San Isidro, y aquélla me valió veinte novilladas y veinte corridas de toros, además de la alternativa en San Sebastián.
Y para prepararme fue para lo que me recluí en el campo, donde estoy ahora, donde voy matizando mi toreo para demostrar en Madrid que los aficionados que quisieron esperarme no se equivocaban. Ya sé lo que es abrir esa puerta, y también cómo te sientes cuando tocas pelo en Madrid, y no quiero que se me escape esa sensación. Quiero volver a vivirla...
He querido regalaros esta foto que me hizo Alberto Revesado mientras tentaba en la ganadería de Ortigao Costa. Expresa un buen montón de sentimientos que quiero compartir hoy con vosotros. Al igual que con todo aquel que decida ir a verme a Madrid. Es un triunfo que me hace mucha falta y les prometo que no les defraudaré...
Publicado por Eduardo Gallo en 14:28 5 comentarios
Etiquetas: Eduardo Gallo, Madrid, Ortigao, Revesado


